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Ernesto Postigo, SJ
Vicepostulador de la Causa de Beatificación
Bernardo de Hoyos
        - Colegial en Villagarcía -

           Bernardo fue colegial en Villagarcía entre 1722 y 1726: dos años de Gramática, uno de Humanidades y otro de Retórica. Allí destacó por tres cosas: su pequeña estatura, su piedad y lo vivo de su ingenio.

            Al vivir en posadas, fuera de los muros del Colegio, participaban también los colegiales del ambiente del pueblo. Más de una vez visitaría Bernardo, con sus amigos, sus tres parroquias: la de San Pedro, en el centro de la población y la única que actualmente se conserva, con su torre mudéjar y su retablo presidido por el Príncipe de los Apóstoles, con las llaves y sentado en un trono; allí habían sido sepultados los padres y abuelos del fundador don Luis Quijada, cuyos restos descansaban ya en tiempo de Hoyos en la Colegiata. La otra parroquia se llamaba popularmente de San Boal, dedicada a San  Blas, patrono secundario de la villa; la tercera llevaba el nombre de El Salvador y estaba regida por un fraile benedictino, dependiente de la gran abadía de Sahagún. Además de estas tres parroquias, ya existía una ermita a las afueras del pueblo, que guardaba en sí un verdadero tesoro, muy apreciado por los vecinos: era una magnífica talla del Ecce Homo, de la escuela de Gregorio Fernández, a la que rendían fervoroso culto en la Semana Santa, con unos cantares que aún hoy día entona la feligresía: “Jesús amoroso, dulce Padre mío; pésame, Señor, de haberos ofendido”.

            Lo que más frecuentaba el niño Bernardo era la famosa Colegiata, que era la iglesia del colegio. En ella oían Misa diaria todos los alumnos a las siete de la mañana. Su magnífico retablo de alabastro, flanqueado a ambos lados del presbiterio por la lápida sepulcral de los fundadores, recordaba a Don Juan de Austria, el héroe de Lepanto, que vivió cinco años en Villagarcía, correteando por las mismas calles que ahora frecuentaban Bernardo y sus amigos. En efecto, ese retablo, diseñado por Juan de Herrera, el constructor del Escorial, muestra una síntesis de los misterios del Rosario: tres misterios gozosos, dos dolorosos y uno glorioso. Y todo ello en recuerdo de aquella batalla, que tuvo lugar un 7 de octubre de 1571 y fue fruto del rezo del santo rosario, pedido por el Papa San Pío V a toda la cristiandad para conseguir el triunfo de las armas cristianas. Como exponente de todo ello, colgaban de la cúpula cuatro banderas arrebatadas a los turcos y enviadas por Juan de Austria a su querida Villagarcía. Al visitar la devota capilla del relicario, anexionada al templo por doña María de Salazar, sobrina de la fundadora, los ojos del niño Bernardo contemplaban el crucifijo con el que expiró Juan de Austria, víctima de la peste en los Países Bajos. Nadie imaginaba entonces que aquel niño moriría, nueve años después, de la misma enfermedad que había llevado a la tumba a don Juan. Este moriría a los 30 años, Bernardo a los 24. Ambos jóvenes, ambos famosos por distinto motivo.

            Estando en el último curso de Retórica, muere su padre un 25 de abril de 1725. Bernardo va a su pueblo para asistir al entierro, que tuvo lugar en la misma iglesia parroquial donde él había recibido los Sacramentos de la iniciación cristiana: bautismo, primera comunión y confirmación. Quedaban como tutores de Bernardo y de la pequeña Teresa, su madre y el tío Tomás. Al regresar a casa y leerse el testamento, escuchó estas cristianas frases: “A mis hijos encargo sean temerosos de Dios y de su conciencia obrando y procediendo bien y a medida de sus obligaciones..., teniendo obediencia, respeto y veneración a su madre, abuelo, tío y demás personas para que logren en esta vida el cariño de todos y, en la otra eterna, descanso...”

            Regresa a Villagarcía y se prepara para los exámenes. Bernardo, como sus compañeros de último curso, hablaban correctamente el latín, lo escribían con facilidad y sabían de memoria algunos discursos de Cicerón, las églogas de Virgilio, un libro entero de la Eneida y el Arte Poética de Horacio... Con ello estaban capacitados para entrar en la Universidad, donde la lengua latina venía a ser como en la actualidad el inglés: ella abría muchas puertas en el mundo de la docencia.

            En este curso se planteó Bernardo entrar en la Compañía de Jesús, porque “este niño es ya muy hombre”

 

 

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