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Ernesto Postigo, SJ
Vicepostulador de la Causa de Beatificación
Bernardo de Hoyos
        - La llamada de Dios -

         Del Bernardo de Hoyos colegial pasamos ahora al Bernardo llamado por Dios. La vocación es siempre una llamada que Dios hace a algunos para que le sigan de una manera radical. Esta llamada la hace el Señor cuando quiere. A Bernardo se la hizo al salir de la infancia y comenzar su adolescencia. Dios le invitaba a seguirle y le daba una misión. No hay seguimiento de Jesús sin misión, ni hay misión sin seguimiento. Jesús decía a Pedro y a Andrés..., pescadores en el lago: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. “Venid conmigo”, es decir, seguimiento. “Os haré pescadores de hombres”, les da una misión.

Cuando el Señor da una misión, no sólo hace una llamada, sino que da las cualidades necesarias para llevarla a cabo. Bernardo sintió la llamada de Jesús cuando contaba aproximadamente trece años. Y Dios se sirve normalmente de las circunstancias que rodean nuestra vida. ¿Qué pudo inclinar al niño Bernardo a hacerse jesuita?

Probablemente influyó en su deseo el ejemplo de aquellos jóvenes novicios, algo mayores que él y a quienes veía siempre alegres, sirviendo a los pobres, dando el catecismo a los niños del pueblo, pidiendo en ocasiones limosna por las calles... También la vida intensa de piedad que Bernardo llevaba en Villagarcía (misa diaria, comunión los domingos y fiestas, confesión frecuente, la congregación mariana...) favorecía la escucha de la voz de Dios, que siempre es suave, pero audible. También fue un factor favorable el ver de cerca no ya a los novicios, sino a los Padres y Hermanos ya formados, que trabajaban en el colegio como profesores de latín, griego, oratoria... o cultivaban la huerta y atendían al ganado de los establos. No olvidemos que, entre Medina del Campo y Villagarcía, fueron séis años durante los cuales el niño Bernardo observaba  muy de cerca  a la comunidad jesuítica. Otro factor que tuvo que influir en su decisión fue la figura de San Luis Gonzaga y de San Estanislao de Kostka, dos jóvenes jesuitas de 23 y 18 años que eran canonizados por Benedicto XIII en 1726, precisamente el año en que Bernardo está dando vueltas a su vocación de entrar jesuita.

Cierto que “este niño es ya muy hombre”, según decían quienes le conocían bien. Bernardo probará esa aserción con los hechos. Decía Jesús que “quien pone la mano en el arado y vuelve la vista atrás, no vale para el Reino de los cielos”. Y el joven rico, llamado por el Señor, se vió impedido por la afición a sus riquezas, e incluso quien pretendía seguir a Jesús, pero despidiéndose antes de su familia, oyó del Señor aquella frase desconcertante: “deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete y anuncia el reino”

No le fue fácil a Bernardo seguir su vocación; y no porque sus padres se opusiesen, sino porque lo veían demasiado niño. Probablemente fue en el mes de febrero o marzo de 1725 la primera vez que Bernardo planteó a sus padres el problema de su vocación. Habían concluido en Villagarcía los exámenes generales de promoción, que tenían lugar por carnaval y Bernardo, que pensaba ya en ser jesuita, se dirigió a sus padres para pedirles que le dieran el necesario permiso. Era imprescindible darlo por escrito e incluso ratificarlo por firma notarial. Al principio se oponen más bien a darle ese permiso, temen que sea un fervor de adolescente....,pero acaban comprendiendo que no se trata de una ilusión, sino de un deseo maduro. Y le dan permiso. El primer “asalto” lo ha ganado Bernardo.

Al mes siguiente muere su padre de repente. En el testamento nombra a la madre y al tío Tomás como “tutores in solidum de los dos mis hijos para que los rijan, gobiernen y enseñen a buenas y cristianas costumbres”. El permiso de entrada quedaba en suspenso; pero no hubo oposición ninguna. Tenía que obtener el permiso del P. Provincial, que era entonces el P. Diego Ventura y éste se lo denegó “por su pequeña estatura y su aparentemente débil salud”. El segundo “asalto” lo ha perdido. Pero Bernardo no se desanima. Conoce a un Padre viejecito de la Casa, que había sido muy importante  en sus tiempos: Visitador, Provincial, Rector...y procura su influencia. Bernardo, con sus quince años, gana la voluntad del P. José Félix de Vargas y por su medio logra que, al fin, le concedan la entrada en la Compañía de Jesús. Era el tercer “asalto”; Bernardo de Hoyos había ganado la pelea. El 11 de julio de ese mismo año 1726 es apuntado en el libro de admisiones del Noviciado de Villagarcía.

Más adelante, en 1732, escribirá en su Cuenta de Conciencia: “Grande estima y aprecio me da el Señor de mi vocación a la Compañía...La mayor miseria creo que sería para mí el ser despedido de la Compañía por mis culpas. Y, si sin éstas lo fuera, o no me apartara hasta morir de sus puertas, o peregrinara por el mundo a ver si podía lograr mi dicha”.

             Dejémosle gozoso a Bernardo, comenzando con ilusión a vivir su noviciado.

 

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