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Ernesto Postigo, SJ |
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Cuando el 11 de julio de 1726 se apunta en el Libro del Noviciado al hasta entonces simple colegial de Villagarcía, experimentó éste una inmensa alegría. Por fin, era ya jesuita. Y con él se alegraron otros muchos, que le conocían de antes, y con quienes iba a compartir la vida desde entonces. Veamos quiénes eran estos jesuitas. Empecemos por el Padre Rector y Maestro de novicios. Lo era en ese momento el P. Manuel de Prado. Bernardo no imaginaba entonces que un día su Padre Maestro le ayudaría como Padrino de altar en su primera Misa y, menos aún, que escribiría una nota comunicando su muerte a todos los jesuitas de la Provincia, entre ellos a bastantes de sus compañeros actuales de noviciado. Otro Padre, a quien Bernardo abrirá su conciencia de novicio y a quien, más tarde, el mismo Hoyos le pasará la fórmula de consagración al Corazón de Jesús, será el P. Ignacio Eguiluz, quien a fines de año sustituirá al P. Prado como Maestro de novicios. El jesuita que más influirá en Bernardo será el P. Juan de Loyola, a quien tomó como Ayudante suyo el nuevo Rector y maestro de novicios, Ignacio Eguiluz. Villagarcía era un noviciado muy floreciente y la carga que recaía sobre el Rector y a la vez Maestro era excesiva. Por otro lado Eguiluz y Loyola se entendían muy bien, y ya anteriormente habían trabajado juntos en la formación de los novicios. El P. Loyola había nacido en 1686 en Valdeverdeja, pueblo de Toledo. A los 18 años entró de novicio en Villagarcía. Tuvo cargos de gobierno a lo largo de su vida, siendo muy estimado de sus Superiores. Hombre profundamente espiritual y fino discernidor de espíritus, sabrá dirigir con acierto a este novicio, pequeño de estatura pero gigante de espíritu, que el P. Eguiluz ponía en sus manos. Con él tendrá Bernardo una confianza total y le abrirá hasta el último repliegue de su alma. Al ver Loyola que Bernardo comenzaba a caminar por sendas extraordinarias, lo puso en comunicación epistolar con otro dirigido suyo, que había pasado cuatro años antes por el noviciado. Era éste el joven Agustín de Cardaveraz, que comenzaba entonces en Valladolid a estudiar la teología. Otro Padre, con quien contactará Bernardo, siendo novicio, es con el famoso misionero popular P. Pedro de Calatayud. Hombre de extraordinario espíritu y celo apostólico, que será uno de los mejores propagadores del culto al Sagrado Corazón. El pequeño novicio de entonces logrará un ascendiente grande, ocho años más tarde, sobre el insigne misionero navarro. El P. José Félix de Vargas, ya anciano, que tanto le ayudó para que fuera recibido en la Compañía de Jesús, fue sin duda uno de los más queridos para el joven novicio. Connovicios de Bernardo fueron quienes serían más tarde los Padres: Mucientes, que informaría de sus virtudes; Juan Lorenzo Jiménez, para quien Bernardo escribiría una Instrucción espiritual, siendo ambos estudiantes de teología en el colegio de San Ambrosio de Valladolid; Ignacio Osorio, un año posterior a Bernardo, que sería profesor del Colegio Romano y de la Universidad de Salamanca, y para quien Bernardo escribiría una preciosa Instrucción en Medina del Campo y otra en Valladolid... Estos fueron los jesuitas, con quienes Bernardo convivió algún tiempo en el Noviciado de Villagarcía. |
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