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Ernesto Postigo, SJ |
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Vamos a dedicar unas líneas a presentar el ambiente que vivió Bernardo de Hoyos en el Noviciado de Villagarcía. Reinaba un ambiente de auténtico fervor. Lo sabemos por el testimonio de dos Padres Provinciales que, al hacer la visita del mismo, se expresan así: “No podré bastante explicar el consuelo que me ha causado ver este santo Noviciado...en aquel rigor de observancia que se ha merecido la veneración de toda la provincia y aun de otras de España y de los Reinos de la misma Nación”. (P. Diego Ventura, en 1727). Lo mismo opina al año siguiente el nuevo Padre Provincial, Juan de Villafañe. Al entrar en el noviciado se le decía a cada novicio lo que, en definitiva, se esperaba de él. El listón estaba muy alto. “El fin de un novicio jesuita es formarse perfecta imagen de Jesús, copiando en su alma la perfección de las acciones y virtudes de esta divina imagen del Padre... Al tiempo de ejecutar cualquier acción, verá brevemente cómo la ejecutaría Jesús y se alentará a imitarlo cuanto con su divina gracia le fuere posible” Enseguida el nuevo novicio se ponía a copiar unos Apuntes que transcurrían por el noviciado y donde se iba explicando el modo de hacer cada acción con la mayor perfección. Estos Apuntes eran personales y el novicio podía acrecentarlos con su propia experiencia. Treinta años después (1758) de haber terminado Hoyos su noviciado, serían publicados en la imprenta de Villagarcía por el Padre Francisco Javier Idiáquez, rector y maestro de novicios por aquel entonces, con el nombre de Prácticas de Villagarcía.. Conocemos por ellos la distribución que tenían los novicios: “De las cuatro a la media: levantarse y prepararse para la oración. De la media a las cinco y media: oración. De las cinco y media a seis: componer el aposento. De seis a la media: oir Misa. De seis y media a siete: rezar Prima, Tercia, Sexta y Nona. De siete a la media: plática o conferencias espirituales. De siete y media a nueve: oficio manual. De nueve al cuarto: decorar. Del cuarto a las diez: oficios. De las diez al cuarto: examen. Del cuarto a la media: letanía. De diez y media a una: comer, quiete y descansar. De una a la media: Rosario. De la media al cuarto: barrer. Del tercero a dos y cuarto: lección de coro. Del cuarto al tercero: rezar Vísperas y Completas. Del tercero a cuatro y cuarto: oficio manual. De cuatro y cuarto al tercero: lección espiritual. Del tercero a cinco y cuarto: oración. De cinco y cuarto a las seis: rezar Maitines y Laudes. De las seis al tercero: oficios. Del tercero a las siete: ejercicio. De las siete a las nueve: cenar, quiete, examen y acostarse”. Como se ve, era una distribución muy densa y donde no había tiempo para aburrirse. Se formaba al novicio para que estuviese muy atento a lo que hacía en cada momento, pero a la vez dispuesto para dejarlo con prontitud cuando se le pedía otra cosa. En el primer año de noviciado se hacían algunas pruebas, instituidas por San Ignacio, como eran: el mes de Ejercicios espirituales, dar catecismo, hacer servicios humildes como fregar, barrer... Otras pruebas, como la de peregrinar sin dineros y la de servir en los hospitales, se solían hacer en el segundo año de noviciado. Para dar el catecismo salían los novicios por los pueblos cercanos y –según comenta un documento de aquella época- “ante los ojos de los campesinos, como ellos mismos afirman, producen más efecto que su doctrina, el ejemplo de estos tiernos predicadores de la divina palabra, la modestia de sus ojos, la circunspección de sus acciones, su ardiente amor a Dios, reflejado en sus breves discursos y el olor de santidad que esparcen en tono suyo”. Respecto al contacto con los pobres, no sólo se daba de comer a algunos que acudían a la portería del noviciado, sino que de vez en cuando los novicios comían con ellos. Así lo cuenta el P. Idiáquez: “Cada novicio de los que van a comer, se sienta al madero con un pobre; danle una ración de pan como al pobre mismo y los dos comen en una misma cazuela. Si, en acabándose la cazuela, quiere más el pobre, continuar comiendo con él hasta que el pobre no quiera más”. |
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